(3) Dicho esto ha desaparecido. Entonces yo me he ocupado en hacer mi acostumbrado giro
en la Voluntad Suprema; su luz me hacía todo presente, tanto lo que ha hecho en la Creación,
como lo que ha hecho en la Redención. La Voluntad Divina bilocada en cada acto que hace en
ellas, esperaba una visita mía a cada uno de estos sus actos para tener a su pequeña hija como
compañía, aunque fuese visita fugaz donde reinaba y dominaba como Reina. ¡Oh! cómo
agradecía mi pequeña visita en cada uno de sus actos, mi pequeño te amo, mi mezquina
adoración, mi reconocimiento, mi gracias, mi sujeción, pero como sus actos son innumerables,
yo no terminaba jamás de alcanzarlos todos. Entonces, habiendo llegado a los actos de la
Redención, mi dulce Jesús se hacía ver como pequeño niño, pero tan pequeño de poderse
encerrar en mi pecho. ¡Cómo era bello, amable, gracioso el verlo tan pequeño, pasearse,
sentarse, ponerse como en trono de majestad en mi pequeña alma, suministrándome su Vida,
su respiro, sus actos, para hacer que todo tomase de Él! Pero mientras lo veía en mí como niño,
al mismo tiempo ha venido también crucificado, era tanta la tensión de sus miembros que se
podían numerar todos los huesos y los nervios uno por uno. Ahora, si el niño estaba encerrado
en mi pecho, el crucificado Jesús se ha extendido en todos mis miembros, no dejándome
ninguna partecita de mí que no fuese poseída por su adorable persona, sentía más su Vida que
la mía. Así, después de haber estado algún tiempo en esta posición con Jesús, me ha dicho:
(4) “Hija mía, mi Humanidad posee el Reino de mi Voluntad, tanto que toda mi Vida dependía
de Ella, así que con depender de Ella Yo tenía la inteligencia del Supremo Querer, su mirada,
su respiro, su obrar, sus pasos, su movimiento y latido eterno, de este modo formaba el Reino
del Fiat Supremo en mi Humanidad, su Vida y sus bienes. ¿Ves entonces lo que significa formar
su Reino en ti? Debo transmitirte lo que posee mi Humanidad, la cual te suministrará su
pensamiento, su mirada, su respiro, y todo lo que poseo para la formación de ese Reino. Mira
cuánto amo este Reino, pongo a su disposición toda mi Vida, mis penas, mi muerte, como
fundamento, guardia, defensa, sostén. No hay nada de Mí que no sirva para mantener en pleno
vigor el triunfo y el absoluto dominio de mi Voluntad, por eso no te maravilles si ves en ti como
repetirse las diversas etapas de mi edad y de mis obras, y ahora me ves niño, ahora joven, ahora
crucificado, es el Reino de mi Querer que está en ti, y toda mi Vida se alinea dentro y fuera de
ti para guardia y defensa de mi Reino. Por eso sé atenta, y cuando algún temor te asalte, piensa
que no estás sola, sino que tienes por ayuda toda mi Vida para formar este Reino mío en ti, y
constantemente sigue tu vuelo en la unidad de la luz suprema de la Divina Voluntad. Yo allá te
espero para darte las sorpresas de retorno, para darte mis lecciones”.
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19-59
Septiembre 13, 1926
El Ser Divino es equilibrado. El don del Fiat Divino pone todo en común.
La justicia en el dar quiere encontrar el apoyo de los actos de las criaturas.
(1) Después de haber hecho mi acostumbrado giro en el Supremo Querer, rogaba al buen
Jesús, a nombre de su Creación y Redención, a nombre de todos, desde el primero hasta el
último hombre, a nombre de la Soberana Reina y de todo lo que Ella hizo y sufrió, que el Fiat
Supremo fuese conocido, a fin de que se establezca su Reino con su pleno triunfo y dominio.
Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “Si Jesús mismo quiere y ama tanto que su Reino
sea establecido en medio a las criaturas, ¿por qué quiere que con tanta insistencia se ruegue?
Si lo quiere lo puede dar sin tantos actos continuos”. Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior
me ha dicho: