(4) “Hija mía, no te maravilles, es mi Voluntad que bilocándose, mientras reina en Dios, al
mismo tiempo reina en el alma, y con sus modos divinos reza, ama y obra en ella, por eso nos
resulta imposible no estimar, no amar, no escuchar nuestra Voluntad bilocada en la criatura, es
más, sólo Ella nos lleva como en regazo nuestra alegría, la felicidad, el amor que desbordó de
nuestro seno en nuestra obra ‘ad extra’ de la Creación, nos repite la fiesta, nos renueva el gozo
que sentimos al crear tantas cosas bellas dignas de Nosotros. ¿Cómo no amar a aquélla que
nos da la ocasión de bilocar nuestra Voluntad al hacerla reinar en ella para darnos amor,
adoraciones, gloria divina? Por eso el vivir en mi Querer es el prodigio de los prodigios, porque
el todo está en la voluntad, tanto en Dios como en la criatura. Cuántas cosas Nosotros podíamos
hacer, pero como no las quisimos no las hicimos, cuando las queremos somos todo amor, todo
potencia, todo ojo, manos y pies, en suma, todo nuestro Ser viene concentrado en el acto que
quiere hacer nuestra Voluntad, en cambio si nuestra Voluntad no quiere, ninguno de nuestros
atributos se mueve, parece que no tienen vida para todo lo que no quiere hacer nuestra
Voluntad, así que Ella tiene la supremacía, el dominio sobre nuestro Ser, y es la dirigente de
todos nuestros atributos. Por eso la cosa más grande que podíamos dar a la criatura era nuestra
Voluntad, y en Ella concentrábamos todo nuestro Ser, ¿se podía dar amor más intenso, milagro
más estrepitoso que esto? Es más, por cuanto le pudiéramos dar a la criatura, a Nosotros nos
parece nada en comparación de dar nuestra Voluntad reinante y dominante en ella, porque en
las demás cosas que podemos dar, son los frutos de nuestras obras, de nuestros dominios, en
cambio con dar nuestra Voluntad, no son los frutos sino nuestra misma Vida y nuestros mismos
dominios; ¿quién tiene más valor, los frutos o la vida? Ciertamente la vida, porque con dar la
Vida de nuestro Querer damos al mismo tiempo la fuente de todos nuestros bienes, y quien
posee la fuente de los bienes no tiene necesidad de los frutos. Y si la criatura nos diese todo,
hiciera los más grandes sacrificios, pero no nos diera su pequeño querer para hacer reinar el
nuestro, nos daría siempre nada, es más, cuando las cosas no son producidas por nuestro
Querer, por cuán grandes sean, las miramos como cosas extrañas a Nosotros, y que no nos
pertenecen”.
(5) Después, yo estaba pensando en lo que Jesús me había dicho y decía entre mí: “¿Será
posible todo esto, que el Divino Querer llega hasta bilocarse para reinar en la criatura como en
su propia sede, en su seno divino?” Y Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, ¿sabes cómo sucede? Supón un pequeño y pobre tugurio, donde un rey, llevado
por amor a este tugurio quiere habitar dentro, así que desde dentro de aquel tugurio se escucha
la voz del rey, parten las órdenes del rey, salen sus obras, dentro de aquel tugurio están los
alimentos adecuados para alimentar al rey, la silla para sentarse digna de él, así que el rey nada
ha cambiado de lo que le conviene a su real persona, sólo ha cambiado la habitación de la
morada real, por su voluntad y con sumo placer ha escogido el tugurio. El pequeño tugurio es
el alma, el rey es mi Voluntad. ¿Cuántas veces escucho la voz de mi Voluntad que ruega, que
habla, que enseña en el pequeño tugurio de tu alma? ¿Cuántas veces veo salir mis obras, y
rijo, vivifico y conservo todas las cosas creadas desde tu pequeño tugurio? Mi Voluntad no toma
en cuenta la pequeñez, más bien le agrada sumamente, lo que va buscando es el absoluto
dominio, porque con el absoluto dominio puede hacer lo que quiere y poner lo que le agrada”.
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