Divina, a fin de que estuvieran siempre en acto de dar a mi Padre Divino este legítimo honor que
las criaturas no le dan, y violentar a la Voluntad eterna a hacer la paz con la voluntad humana.
(3) La voluntad, también en la criatura, es el depósito de todos sus pensamientos, del bien y
del mal que hace, ella es depositaria de todo, nada se le escapa que no deposite en ella. Ahora,
mi Humanidad tenía dos voluntades, la humana y la Divina, y todo lo que Yo hacía lo depositaba
en la Divina, para poder encontrar no sólo los actos hechos por la Suprema Voluntad y
corresponderla, sino para poder hacer otros nuevos actos de Voluntad Divina, para poder formar
en Ella de todo lo obrado por mi Humanidad, una nueva creación, dejándola en depósito en Ella,
a fin de que me los mantuviera íntegros, siempre nuevos y bellos, sin crecer ni decrecer, porque
no sujetos, por cuanto tomen de ellos, a sufrir la más mínima disminución. Y así como en la
creación del cielo, del sol, de las estrellas, y de tantas otras cosas creadas por la Divinidad para
bien de toda la familia humana, fue dejado el depósito en nuestra Suprema Voluntad, a fin de
que las conservara siempre en ese estado creado por Nosotros, como de hecho las conserva;
así confié todo el obrar de mi Humanidad en Ella, a fin de que todo lo que hice estuviera siempre
en acto de darse a las criaturas. Mi obrar es más que nuevo cielo, sol y estrellas, y así como el
sol que está sobre vuestro horizonte no rehúsa dar luz a todos y darse a cada uno, y si el ojo
humano no toma toda la inmensidad de su luz es porque la circunferencia del ojo es pequeña,
es más, según la vista es más aguda, más buena, más luz toma, pero el sol está en acto de
quererse dar todo; así la nueva creación de mis actos, hechos todos en esta Voluntad y
depositados en Ella para redimir, para restaurar a la criatura, están en acto de darse a todos, y
más que sol, estrellas y cielo, se extiendan sobre la cabeza de todos, a fin de que todos puedan
tomar el gran bien que contienen. Pero entre el sol que resplandece en el cielo azul, y el que
contiene el cielo de mi Humanidad, hay gran diferencia, en aquél, por cuanto el ojo se fatiga en
mirar para llenarse de luz, su circunferencia no se ensancha, queda siempre la que es; en
cambio el ojo del alma, mientras más se esfuerza para mirar, para cooperar, para conocer, para
amar todo lo que ha hecho mi Humanidad, se ensancha más, recibe más luz, comprende más
y toma más bienes, así que está en su poder ser más rica o pobre, más llena de luz, de calor, o
más fría y en tinieblas.
(4) Entonces, si quieres recorrer los caminos del eterno Querer, entra por la puerta de mi
Humanidad, dentro encontrarás mi Divinidad y la Divina Voluntad te hará presente, como en
acto, todo lo que ha hecho, hace y hará, tanto en la Creación como en la Redención y
Santificación, y tendrás el contento de poder besar esos actos y poner en cada uno tu pequeño
acto de amor, de adoración, de reconocimiento, los encontrarás todos en acto de darse a ti, y tú
los amarás, tomarás los dones de tu Padre Celestial; don más grande no podía darte, esto es:
Los dones, los frutos, los efectos de su Querer, pero los tomarás a medida que cooperes y hagas
vivir tu voluntad perdida en la mía”.
(5) Luego, por poco tiempo me he sentido toda en Jesús, y me parecía encontrar en Él todo
el obrar de la Divina Voluntad para bien de las criaturas como en acto, yo buscaba seguir uno
por uno los actos de la Voluntad Suprema, pero mientras esto hacía me ha desaparecido todo;
pero el delirio de querer de nuevo a mi dulce Jesús me hacía morir; después de mucho lo sentí
detrás de mi espalda, que extendiendo sus brazos me tomaba mis manos entre las suyas; yo
con violencia lo jalé hacia delante, y con toda la amargura de mi alma le he dicho: “Jesús, no
me . sin darme tiempo para decirle otra cosa me ha dicho:
(6) “Hija mía, ¿cómo? ¿A Mí me dices que no te quiero ya más? Estas palabras se pueden
decir a las criaturas, pero no a tu Jesús, a Aquél que nunca puede disminuir en el amor”.
(7) Y mientras esto decía, me miraba fijamente dentro, como si quisiera encontrar en mí una
cosa que mucho le interesaba, y miraba y volvía a mirar, finalmente me he sentido salir de dentro
de mi interior otro Jesús, todo semejante al de afuera. Yo he quedado maravillada al ver que mi
Jesús me está dentro de mí y fuera de mí, y Él, todo bondad me ha dicho: