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Mayo 19, 1924
Todos los actos, desde el más pequeño al más grande de quien vive
en el Querer Divino, adquieren el valor de actos eternos y divinos.
(1) Mi pobre mente se perdía en la inmensidad del Querer Supremo, me sentía como dentro
de un mar, y todo mi ser bebía a grandes sorbos el agua salutífera de la Voluntad Eterna, más
bien me entraba por todas partes, por los oídos, por la boca, por los ojos, por la nariz, por los
poros del cuerpo. Ahora, mientras me encontraba en este estado, mi dulce Jesús se ha movido
en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es eterna, y sólo para quien vive en Ella, abrazando lo eterno, todos
sus actos, desde el más pequeño hasta el más grande, siendo animados por una Voluntad
eterna, todos adquieren el valor, el mérito, la forma de actos divinos y eternos. El Querer Divino
vacía a esos actos de todo lo que es humano y llenándolos de su Voluntad Divina los hace
suyos, les pone el sello y los constituye como otros tantos actos eternos y divinos”.
(3) Entonces yo al oír esto, maravillándome he dicho: “¿Cómo es posible, oh mi Sumo Bien,
que la criatura sólo con vivir en tu Querer pueda recibir este gran bien: Que sus actos lleguen a
ser eternos y divinos?”
(4) Y Jesús: “¿Por qué te maravillas? La cosa es simplísima, toda la razón es porque mi
Voluntad es eterna y Divina, y todo lo que sale de Ella, como es parto de una Voluntad eterna y
Divina no puede estar excluido de ser eterno y divino, pero siempre la criatura debe poner a un
lado su voluntad humana para dar lugar a la mía; si esto hace, sus actos son contados entre los
nuestros, ya sea el grande o su pequeño acto. Además, esto sucedió en la Creación, ¿cuántas
cosas no fueron creadas? Grandes y pequeñas, hasta la más pequeña semilla, el pequeño
insecto, pero por cuan pequeñas, no se puede decir que mis obras grandes fueron creadas por
esta Voluntad Suprema y por lo tanto son obras divinas, y que las pequeñas no hayan sido
creadas por una mano divina. Y si bien se ve que sólo todo lo que fue creado en la atmósfera,
cielo, sol, estrellas, etc., son siempre fijos y estables, en cambio lo que fue creado en la baja
tierra, flores, plantas, aves, etc., están sujetos a morir y nacer, esto no dice nada, es más, como
han sido creados por una Voluntad eterna y Divina, la semilla tiene virtud de multiplicarse, porque
en todas las cosas está mi virtud creadora y conservadora. Ahora, si todas las cosas creadas,
pequeñas o grandes, porque han sido creadas en virtud de mi Fiat Omnipotente pueden llamarse
obras divinas, mucho más pueden llamarse actos divinos y eternos lo que mi Voluntad obra en
el alma, la que poniendo a los pies de mi Querer su humano querer, me da plena libertad de
hacer obrar a mi Voluntad. ¡Ah! si se pudiese ver por las criaturas un alma que hace vivir a mi
Querer en sí, verían cosas sorprendentes y jamás vistas: Un Dios obrante en el pequeño cerco
de la voluntad humana, esto es la cosa más grande que puede existir en la tierra y en el Cielo,
la misma Creación, ¡oh! cómo queda atrás en comparación con los prodigios que voy obrando
en esta criatura”.
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