constituida por Mí, y si alguno querrá apartarse, quedará sin luz y en la oscuridad más densa, y
estará obligado, si quisiera luz, a regresar a la fuente, esto es a mis enseñanzas”.
(3) Yo, al oír esto he dicho: “Dulce amor mío, cuando los reyes establecen las leyes llaman a
los ministros como testigos de las leyes que establecen para depositarlas en sus manos, a fin
de que las publiquen y las hagan observar por los pueblos. Yo no soy ministro, es más, soy tan
pequeña e incapaz que no soy buena para nada”.
(4) Y Jesús ha agregado: “Yo no soy como los reyes de la tierra que se las entienden con los
grandes, Yo prefiero entendérmelas con los pequeños, porque son más dóciles y nada se
atribuyen a ellos, sino todo a mi bondad. Sin embargo también Yo he elegido a un ministro mío
que te asista en este tu estado, y por cuanto me has pedido que te liberara de su venida diaria,
no te he prestado atención, y aunque tú no estuvieras más sujeta a recaer en ese estado, Yo no
permitiré que te falte su asistencia. Era esta la causa por la que era necesario que tuviera un
ministro mío que estuviera al día de la ley de mi Voluntad, y conociendo mis enseñanzas fuese
testigo y depositario de una ley tan santa, y como fiel ministro mío publique en mi Iglesia el gran
bien que quiero hacer a Ella, con hacer conocer mi Voluntad”.
(5) Entonces he quedado tan sumergida en el Divino Querer, que me sentía como si nadara
en un mar inmenso y mi pobre mente se perdía, y dónde tomaba una gotita de la Voluntad
Divina, y dónde alguna otra, y fluían tanto los conocimientos de Ella, que mi capacidad era
impotente para recibirlos todos, y entre mí decía: “¡Cómo es grande, profundo, alto, inmenso,
santo tu Querer, oh Jesús mío! Tú quieres poner junto todo lo que a Él pertenece, y yo siendo
pequeña me ahogo en Él. Por eso si quieres que comprenda lo que quieres hacerme entender,
infúndelo en mí poco a poco, así podré manifestarlo a quien Tú quieres”.
(6) Y Jesús: “Hija mía, ciertamente que es inmensa mi Voluntad, Ella contiene toda entera la
eternidad. Si tú supieras todo el bien que contiene aun una sola palabra sobre mi Voluntad y un
solo acto hecho por la criatura en Ella, quedarías aturdida, en ese acto toma como en un puño
Cielo y tierra. Mi Querer es vida de todo y corre por todas partes, y la criatura junto con mi
Querer corre en cada afecto, en cada latido, en cada pensamiento y en todo lo demás que hacen
las criaturas; corre en cada acto del Creador, en cada bien que hago, en la luz que mando a la
inteligencia, en el perdón que concedo, en el amor que envío, en las almas que enfervorizo, en
los bienaventurados que beatifico, en todo; no hay bien que hago, ni punto de la eternidad en el
cual no tenga su pequeño lugarcito. ¡Oh! cómo me es querida, cómo me la siento inseparable,
es la verdadera fiel compañera de mi Voluntad, sin dejarla jamás sola. Por eso corre en Ella y
tocarás con la mano lo que te digo”.
(7) Y mientras esto decía me arrojaba en el mar inmenso de su Querer, y yo corría, corría,
¿pero quién puede decirlo todo? Tocaba todo, corría en todo, tocaba con la mano lo que Jesús
me decía, pero no sé ponerlo en el papel; si Jesús quiere me dará más capacidad, por eso por
ahora pongo punto...
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16-52
Febrero 28, 1924
El Señor tiene suspendidos los bienes que había establecido en la
Creación, para darlos a las almas que deben vivir en su Querer.
(1) Mientras rezaba sentía a mi amable Jesús en mi interior, que ahora rezaba, ahora sufría,
ahora como si estuviese obrando, y frecuentemente me llamaba por mi nombre, y yo le he dicho:
“Jesús, ¿qué quieres, qué estás haciendo? Me parece que estás muy ocupado y sufres mucho,
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